La psicología en emergencias: estar cuando más se necesita

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Cuando pensamos en psicología, muchas veces la imaginamos en la calma de una consulta, con tiempo y espacio para reflexionar. Pero hay otro lado, menos visible, más intenso, y profundamente humano: el trabajo del psicólogo en contextos de emergencia.

He tenido la oportunidad —y la responsabilidad— de formar parte de equipos de intervención psicológica en situaciones críticas. Inundaciones, accidentes, catástrofes naturales… momentos en los que todo se tambalea, donde las personas están en shock, asustadas, desorientadas, y necesitan algo a lo que agarrarse. A veces, ese “algo” es simplemente alguien que esté presente y que sepa cómo sostener el dolor sin añadir más sufrimiento.

Nuestro trabajo en emergencias no consiste en dar respuestas inmediatas ni soluciones mágicas. Se trata de contener, de acompañar, de crear un pequeño espacio de seguridad en medio del caos. Escuchar sin juzgar, ofrecer calma, validar lo que se siente, y en ocasiones simplemente estar en silencio, pero con presencia.

También trabajamos con los equipos de primera intervención —bomberos, sanitarios, policías— que muchas veces cargan con emociones intensas sin tiempo para procesarlas. Cuidar de quienes cuidan es también una parte esencial de nuestra labor.

Lo más duro es que, en estas situaciones, no siempre hay tiempo para hacer las cosas “como nos gustaría”. Todo es inmediato. No hay despacho, ni silla cómoda, ni reloj. Solo hay personas vulnerables que necesitan ser vistas. Y ahí estamos.

La psicología de emergencias no es solo una especialidad profesional: es un acto de humanidad. Y para mí, poder formar parte de esa red de apoyo, es un privilegio y un compromiso profundo.